El huracán Melisa deja a su paso destrucción y desamparo
El huracán Melisa, que azotó la región occidental y central de Cuba esta semana con vientos superiores a los 150 kilómetros por hora, ha dejado un panorama devastador. Miles de familias permanecen sin electricidad ni acceso a alimentos básicos, mientras los reportes de daños a viviendas, cultivos y carreteras se multiplican en todo el país.
Las provincias más afectadas —entre ellas Granma y Santiago de Cuba— enfrentan graves inundaciones. Según reportes ciudadanos, muchas comunidades rurales siguen aisladas por falta de transporte y combustible.
Apagones y escasez agravan la crisis
El sistema eléctrico nacional, ya colapsado antes del paso del ciclón, sufrió nuevas averías tras los fuertes vientos. Amplias zonas del país llevan más de 72 horas sin suministro eléctrico, lo que ha provocado la pérdida de alimentos y dificultades para acceder al agua potable.
En redes sociales, cubanos reportan que los apagones alcanzan hasta 20 horas diarias, y que las autoridades locales no ofrecen información clara sobre la reparación de las líneas. “El huracán pasó, pero la oscuridad sigue. Es como si viviéramos otro apagón del alma”, escribió un residente de Santa Clara.
El hambre se extiende mientras el Estado guarda silencio
La falta de electricidad ha paralizado la distribución de pan y productos refrigerados, agravando el hambre que ya golpea a miles de familias. En algunos municipios, los mercados estatales permanecen cerrados desde hace días, y la ayuda humanitaria es prácticamente inexistente.
A diferencia de otros países del Caribe, donde se activan rápidamente los planes de emergencia, en Cuba la respuesta estatal ha sido tardía y burocrática. Los pocos camiones de asistencia que circulan priorizan instalaciones oficiales, mientras los barrios más pobres siguen esperando apoyo.
Silencio oficial y desconfianza popular
Hasta el cierre de esta nota, los medios estatales apenas han informado sobre los daños reales del huracán Melisa, limitándose a destacar los “esfuerzos de recuperación”. En contraste, las imágenes compartidas por ciudadanos muestran calles anegadas, hospitales sin luz y familias cocinando con leña.
La brecha entre la propaganda oficial y la realidad cotidiana vuelve a evidenciar el abandono sistemático del pueblo cubano ante cada catástrofe. Melisa no solo destruyó techos y cultivos: también volvió a exponer el derrumbe moral de un régimen incapaz de proteger a su gente.

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