Cuba enfrenta un repunte preocupante de chikungunya, en medio de la crisis por dengue, zika e influenza. Aunque el Ministerio de Salud evita dar cifras, médicos independientes y reportes ciudadanos confirman un aumento acelerado de casos en La Habana, Santiago, Holguín, Camagüey y otras provincias.

Una enfermedad dolorosa que avanza sin control
El chikungunya, transmitido por el Aedes aegypti, provoca:
- Fiebre alta repentina
- Dolor articular intenso e incapacitante
- Cansancio extremo
- Inflamación de articulaciones
Muchos cubanos quedan días sin poder caminar ni trabajar, sin acceso a analgésicos y con hospitales saturados.
Un país perfecto para los mosquitos, por culpa del Gobierno
El avance del chikungunya no es casualidad. Cuba vive las condiciones ideales para una epidemia:
- Basureros sin recoger
- Aguas residuales estancadas
- Fumigación prácticamente inexistente
- Falta de repelentes
- Apagones que dejan barrios enteros a oscuras
- Hospitales sin recursos y sin pruebas de diagnóstico
Mientras tanto, las autoridades repiten la frase “síndrome febril inespecífico” para evitar reconocer un brote que ya es evidente.
La población, desprotegida y desinformada
La mayoría de los cubanos desconoce si tiene dengue, zika o chikungunya porque no existen pruebas disponibles.
Los médicos trabajan a ciegas.
Las familias se automedican porque no hay medicamentos.
Y las cifras reales, como siempre, permanecen ocultas.
Conclusión: otra crisis sanitaria que demuestra el colapso del sistema
El resurgimiento del chikungunya es una prueba más de que:
- El sistema sanitario está derrumbado
- No hay control epidemiológico real
- El Estado no informa ni protege
- Los ciudadanos están solos frente a las epidemias
Mientras el Gobierno guarda silencio, el chikungunya continúa propagándose en un país debilitado, empobrecido y sin capacidad de respuesta.

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