Cuba atraviesa nuevamente una crisis sanitaria silenciosa. Mientras el discurso oficial insiste en proyectar control y normalidad, las muertes asociadas al chikungunya y al dengue continúan aumentando, y los hospitales del paÃs reciben cada dÃa más pacientes con sÃntomas graves.
La realidad que vive la población dista mucho del relato institucional. En barrios de distintas provincias, la presencia del mosquito Aedes aegypti es incontrolable, la fumigación es irregular o inexistente, y la prevención se limita a consignas repetidas que no van acompañadas de acciones reales ni recursos materiales.
A esta situación se suma un sistema de salud agotado y carente de insumos básicos. Faltan analgésicos, sueros, antipiréticos y reactivos. Los familiares deben buscar medicamentos por su cuenta, mientras médicos y enfermeros trabajan bajo presión extrema, sin medios suficientes y con información limitada para orientar a los pacientes.
Lo más grave no es solo el avance de la enfermedad, sino la opacidad informativa. No existen partes médicos diarios confiables ni cifras claras sobre contagios y fallecimientos. La población se ve obligada a depender del boca a boca, las redes sociales y los testimonios directos para comprender la magnitud del problema.
El chikungunya y el dengue no afectan a todos por igual. Ancianos, niños, personas con enfermedades crónicas y ciudadanos desnutridos enfrentan un riesgo mayor en un paÃs donde la crisis económica ha debilitado aún más las defensas de la población.
Durante años, el régimen ha utilizado la salud como bandera propagandÃstica. Sin embargo, cada brote epidémico demuestra una verdad incómoda: sin transparencia, sin prevención efectiva y sin recursos, no hay sistema de salud que funcione.
Cuba no necesita discursos triunfalistas ni silencios administrativos.
Necesita información honesta, campañas de control reales, acceso a medicamentos y, sobre todo, responsabilidad polÃtica ante una crisis que se repite y se agrava.
Desde La Voz de Cuba, seguimos denunciando lo que el poder intenta ocultar: la salud del pueblo no puede seguir siendo otra vÃctima del abandono estatal.

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